viernes, 12 de abril de 2013

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Anoche se estrenó Pendejos, Raúl Perrone sinónimo de cine independiente, presentó su último film de larga duración, 150 minutos.
La película se divide en tres actos y una coda, cuenta historias entrelazadas: un amor no correspondido, un embarazo no buscado, un caso policial que incluye pistolas y tiros. 

El escenario, esta vez enrarecido, vuelve a ser Ituzaingó, la mayor parte en pistas de skate. Los pendejos se deslizan una y otra vez sobre sus tablas hasta que el movimiento se vuelve fantasmal. 

Filmada en blanco y negro, en formato 4:3, homenajea a la película de Dreyer, Juana de Arco, no sólo por los primeros planos en donde una aureola de luz (casi santa) se cierne sobre el rostro de los pendejos, sino también porque convoca las mismas ideas de injusticia, incomprensión y liberación. 

A diferencia de sus anteriores películas, no hay largos diálogos y los pocos, aparecen en intertítulos, tal como en el cine mudo. Esto vuelve preponderante el tratamiento del sonido, Perrone definió a su obra como una cumbiópera, escuchamos cumbias aletargadas, mezcladas con música clásica, pasadas por sintetizadores, que otorgan un ritmo muy vital.

Ver Pendejos es una experiencia para los sentidos, podemos detenernos en los brillos y clarouscuros de la imagen, decidir entre mirar personas o fantasmas, mover los pies al compás de la música o todo eso junto. Sin lugar a dudas Perrone continúa ofreciendo buen  cine.  






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