Dos imprescindibles películas que formaron parte de la retrospectiva realizada durante el 15 Bafici sobre la obra del director chileno Ignacio Agüero.
El diario de Agustín
¿Cuál fue la participación del diario El Mercurio en los años anteriores a la dictadura militar chilena? ¿Cómo fue la tarea de su director Agustín Edwards? Estas preguntas guían la investigación, serán tesistas de la carrera de periodismo los que intenten llevarla a cabo a través de entrevistas a directores, periodistas -que participaron del matutino durante esos fatídicos años- y también, cuando las puertas se cierren, a familiares de las víctimas.
A través de una narración muy clara y fundamentada con imágenes de archivo, el espectador irá conociendo los pormenores de la actuación del diario con mayor antigüedad de América Latina. La relación con la Casa Blanca y las operaciones de prensa para ocultar información a la población.
La imagen elegida da cuenta de una de ellas, el cadáver de una mujer ahorcada, encontrado a orillas del mar, con claros signos de tortura, fue relatado en el diario como un crimen pasional. Será la familia quien desmonte esta historia y nos cuente la verdadera.
Otro de los casos desmontados es la masacre de 118 activistas que intentó hacerse pasar como un ajuste de cuentas entre compañeros militantes.
Una película chilena que podría ser una película argentina, una película acerca de los métodos utilizados por el terrorismo de estado, apoyado por civiles, para confundir, tapar y mantener silenciado el horror.
Un dato relevante para el presente, el diario nunca pidió disculpas ni ofreció información sobre su actuación.
El Otro Día
Sin dudas una de las mejores películas presentadas en el 15 Bafici.
La idea parece sencilla, Agüero decidió filmar a todos aquellos que toquen el timbre de la puerta de su casa. Pedirá a cambio, que le permitan a él ir a tocar el timbre de sus casas.
Esto nos recuerda a Daguerréotypes (1976) cuando Agnés Varda en una película-ensayo-antropológico filmara a los trabajadores de la cuadra en que vivía. La referencia viene no sólo por la idea de filmar el entorno sino también porque mayormente quienes tocan el timbre del director son trabajadores o desclasados, entonces el film se convierte en un retrato histórico, incluso de los barrios pobres del Chile actual.
Pero la idea no se agota en este punto.
Agüero filmará, durante un año -el tiempo en que tarda la luz solar en volver a posarse sobre una foto familiar- su propio espacio, la casa en donde habitan recuerdos familiares y en donde recibe la visita de su hermano, hijos y nietos.
La claridad y la poesía de las imágenes se repite en la voz en off del director, una película de muchas capas, hermosamente narrada.


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