En primer lugar, la sensación de que cada vez la
programación es más amplia, variada y compleja. En este caso incluyó, desde
películas con narraciones clásicas hasta el cine más experimental, tanto
nacional como internacional que se proyecta en el mundo. Entre estas últimas,
tuvimos la oportunidad de ver films que recibieron los galardones más
importantes de los festivales de Locarno como 'From What Is Before' de Lav Diaz
(con casi seis horas de duración),
"Cavalo Dinheiro" de Pedro Costa (obtuvo el premio a mejor fotografía) o
“I, of whom i know nothing, galardonada en el FidMarseille. Pero no sólo eso,
el festival se hizo eco de las nuevas experiencias de lo que podríamos llamar cine
comunitario en nuestro país. Por ejemplo, se realizó una mesa acerca del cortometraje
como práctica de inclusión, allí la directora Natural Arparjou contó el trabajo
que realiza como docente en el taller de la Casa de la Cultura de la Villa
21. Además no fue inusual encontrarse
con los participantes de los talleres de Cine en Movimiento.
Entre las precencias más destacadas se encontró
Claire Denis, una de las directoras fracesas más inovadoras, quién además de
ofrecer una charla, presentó proyecciones de sus films, permitiendo al público
el diálogo directo.
Una de las restrospectivas del cine argentino
estuvo dedicada al del director Daniel Tinayre, se pudieron ver films tales
como La Patota, Bajo un mismo rostro o Extraña ternura. Las funciones se
encontraban repletas de personas que habían visto las películas en la llamada época de oro del
cine argentino. Resultaba conmovedor verlas emocionarse y traspasar esa misma
emoción a las nuevas generaciones - que
lo desconcían debido a ciertas políticas que hasta este momento parecían no
darle importancia.
Es importante remarcar ciertas temáticas que se
repetían en las películas más comprometidas: el colonialismo, la
discriminación, la violencia de género, las utopías.
Algunas cuestiones a tener en cuenta
el próximo año:
La ubicación de las películas en la grilla de programación no fue buena porque las películas se repetían de un día al siguiente si justo no eran los días que uno asistía al festival no había oportunidad de volver a verlas. Hubiese sido mejor que estuvieran más distribuidas a lo largo de los días que duró el festival.
En la “era de las comunicaciones” (como suele decirse),
con un caudal importante de personas llegadas de otros puntos del país junto a
sus múltiples dispositivos móviles, no había en ninguna de las sedes del
festival ni en las oficinas de atención a la prensa o al público, o cualquier
otras lugares en donde se pudieran cargar las baterías. Esto resultaba bastante
incómodo y llevaba a pedir la solidaridad de los residentes, siempre bien
predispuestos, pero debería solucionarse para la próxima edición.
Si bien nunca se puede lograr que todo el mundo
esté de acuerdo con los premios, este año hubo una oposición generalizada, en
especial respecto al galardón principal. ¿Se podría decir que esto opaca las
decisiones de programación? Por un lado, no,
porque nadie nos quita lo bailado, es decir, se pudo ver mucho y buen
cine. Pero, por otro lado, nos deja un sabor amargo, y nos hace pensar que un
ala más conservadora del cine continúa reinando en el festival de la feliz.
Respecto a las proyecciones, no hubo problemas
tales como cortes o subtitulados incorrectos, pero sí hubo varias
reprogramaciones y no eran bien avisadas, en este sentido se quedaba a merced
del boca en boca.


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